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El Caso Elliot: cuando entendimos que las emociones deciden antes que la razón

  • Foto del escritor: Calle y Carrera
    Calle y Carrera
  • 22 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 23 oct 2025


La emoción detrás de cada decisión

En marketing solemos hablar de segmentación, posicionamiento y estrategias de conversión. Pero por debajo de cada métrica, de cada clic o compra, hay algo mucho más primario: la emoción. Desde la neurociencia sabemos que ninguna decisión es completamente racional. El célebre Caso Elliot, documentado por el neurocientífico Antonio Damasio, es quizá la demostración más clara de ello.


El caso Elliot y la pérdida de la emoción

Elliot era un hombre con una vida funcional y un alto coeficiente intelectual. Después de una cirugía para extirparle un tumor cerebral, perdió una parte clave de su corteza prefrontal. El resultado fue inesperado: su razonamiento lógico permaneció intacto, pero su capacidad emocional desapareció. Lo que Damasio observó después cambió la forma en que entendemos la toma de decisiones humanas. Elliot podía analizar con precisión cada opción, evaluar pros y contras y proyectar escenarios. Sin embargo, era incapaz de decidir. Podía pasar horas eligiendo qué camisa ponerse o cómo organizar su día. En la práctica, su vida se volvió imposible. Sin emociones, la razón quedó paralizada.

La hipótesis del marcador somático

A partir de este caso, Damasio formuló la hipótesis del marcador somático: las emociones son señales fisiológicas que guían la toma de decisiones al asignar valor a las opciones que el cerebro evalúa. En otras palabras, la emoción actúa como un atajo biológico que nos orienta hacia lo que consideramos importante o beneficioso. La razón no desaparece, pero necesita de la emoción para operar con dirección y propósito. Este hallazgo no solo reformuló la neurología cognitiva, sino también la comprensión del comportamiento del consumidor.



Emoción y decisión en el marketing

En el contexto del marketing y los emprendimientos, el Caso Elliot nos recuerda algo esencial: la elección de una marca, un producto o un servicio no es un proceso lógico puro, sino una respuesta emocional justificada posteriormente por argumentos racionales.Cuando alguien decide comprar, sus emociones ya han tomado posición antes de que su mente lo verbalice. Por eso, las marcas que logran conectar emocionalmente ocupan un lugar preferente en la memoria y en la decisión. No se trata únicamente de comunicar beneficios o funcionalidades, sino de activar los mecanismos emocionales que otorgan significado y valor a la experiencia.


La velocidad emocional en las decisiones de consumo

Las decisiones de consumo se producen en un espacio donde emoción y razón interactúan, pero no en igualdad de condiciones. La emoción tiene la prioridad temporal. La neurociencia demuestra que la información emocional se procesa más rápido que la información racional. Esa velocidad explica por qué una imagen, un color o una palabra pueden generar preferencia incluso antes de que el consumidor analice la oferta. En términos prácticos, esto significa que una marca no puede limitarse a informar; debe provocar. La emoción es el primer filtro cognitivo que define si el mensaje será percibido, recordado y, eventualmente, aceptado.



Calle & Carrera: estrategias que parten de la emoción

En Calle & Carrera entendemos que diseñar estrategias creativas efectivas implica trabajar desde esa premisa neuropsicológica. No se trata solo de estética ni de storytelling, sino de construir experiencias de marca que estimulen respuestas emocionales congruentes con el propósito del negocio.Una identidad visual coherente, un tono verbal empático o una narrativa que despierte pertenencia son elementos que actúan sobre los marcadores somáticos de la audiencia.Lo emocional no es un accesorio del marketing: es su fundamento operativo. La lógica comercial estructura, pero la emoción orienta.


Implicaciones para emprendedores

Para los emprendedores, esta comprensión tiene implicaciones directas. La primera pregunta no debería ser “¿qué vendo?” sino “¿qué quiero que mi cliente sienta cuando se encuentre con mi marca?”. Ese sentimiento es la base sobre la cual se construye la relación, la recordación y la lealtad.Las estrategias que parten del análisis racional del mercado pero ignoran el componente emocional tienden a generar resultados inconsistentes. Por el contrario, aquellas que logran traducir un propósito en una emoción reconocible —confianza, aspiración, alegría, seguridad— establecen una conexión duradera y difícil de replicar.


Sin emoción no hay decisión

El Caso Elliot demostró que sin emoción no hay decisión. En marketing, esa lección se traduce en una verdad operativa: ninguna estrategia logra impacto real si no logra activar algo dentro de quien la recibe. La emoción no reemplaza a la lógica, pero la precede y la dirige. Comprenderlo es clave para cualquier marca que aspire a trascender la transacción y convertirse en una experiencia significativa.

 
 
 

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